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| Saludos al final del espectáculo (Foto: L.R.) |
Lola Ramírez
He de confesar que Giselle es mi ballet favorito. Lo he visto infinidad de veces por algunas de las mejores compañías del mundo y siempre me ha fascinado. Nunca me canso de verlo ni de escuchar esa magistral composición musical creada por Adolphe Adams para contarnos la trágica historia de una campesina que muere de amor. En esta ocasión la interpretación del Ballet de Barcelona fue brillante desde el primer momento. La primera parte llena de colorido y pantomima es un estupendo entremés para llevarnos al plato principal; es decir, ese maravilloso ballet blanco que se desarrolla en la segunda parte y que llega a los rincones mas recónditos de nuestra alma,
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| Anna Ishii y cuerpo de baile en segundo acto (Foto: Alba Muriel) |
Impecable la actuación de Anna Ishii como Giselle y fantástico Bryan Barrios en su roll de Albrecht. B. Barrios es un encantador bailarín venezolano con una trayectoria curiosa. Hijo de bailarines, creció con la danza en las venas. En una entrevista concedida a una emisora venezolana confesaba que no podía recordar el momento exacto en el que la danza se convirtió en una pasión ineludible. Desde niño había convivido con el mundo del ballet, bailar era algo habitual en su vida diaria. Estudiante de arquitectura en una escuela militar, Bryan mantenía en secreto sus otros estudios, los de la danza clásica: “En una sociedad como en la que yo vivo hay cantidad de prejuicios frente al ballet clásico y yo, simplemente no tenía ganas de tener que entrar en polémicas, así es que mis compañeros no descubrieron mi faceta de bailarín hasta que me pareció el momento adecuado para invitarles a una actuación mía". Los varoniles compañeros de Brian no solo quedaron fascinados por la belleza de esta disciplina y el desconocido talento de su colega para ejecutarla, sino que en cierta manera cambiaron su forma de mirar y de entender a los hombres que elegían esta profesión. Bryan, al igual que ellos, iba para arquitecto. Ese era el sueño de sus padres, pero llegó un momento que descubrió que la arquitectura “por más que me gustaba y disfrutaba haciendo proyectos” no era compatible con la profesión de bailarín.
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| Bryan en el papel de Albretch (Foto: A.M.) |
En esta Giselle, magníficamente coreografía por Leandro Pérez Sanabria, hace un papel de entrada muy discreto, un perfecto porteador cuya meta final es que Ana Ishii versus Giselle brille en su totalidad, elevándola como si de una pluma se tratara, es un perfecto porteador, lo máximo que se le exige al partenaire masculino en muchas coreografías. Cierto es, que también Bryan tiene su particular momento estelar al final del segundo acto con unos impecables Grand Jeté que arrancaron los aplausos del público que vivió en directo la agonía de Albretch/Bryan quien para reunirse con su amada tenía que abandonar el mundo de los mortales.
No solo brillaron en este precioso segundo acto las actuaciones de la pareja estelar; el cuerpo de baile mostró una armonía perfecta y ejecutó la magistral coreografía de Leandro Pérez Sanabria con un virtuosismo propio de los mejores interpretes de danza clásica. Todo ello con el incomparable marco de la construcción coreográfica de Matt Deely convierten a la Giselle del Ballet de Barcelona en una obra que tiene que llegar a todos los rincones de nuestro país y, más allá de ellos, por supuesto. Por mi parte, haré todo lo que esté en mi mano para que mis paisanos puedan disfrutar de la belleza de este ballet.


