sábado, 20 de junio de 2026

Giselle, con alma española y piernas letonas

No puedo contabilizar las veces que he visto Giselle, pero me pasa como con París, cada vez me enamora más. El Ballet Nacional de Letonia presentó ayer en el Teatro Generalife de Granada una puesta en escena de Aivas Leimanis, director artístico de la compañía letona. Para alguien que ha visto repetidas veces la coreografía de Jean Coralli, esta versión tiene detalles sorprendentes, como la aparición en el primer acto de dos acompañantes del grupo de la corte portando un oso, se supone que recién cazado, entre dos palos. Llama la atención, pero no distrae de la interpretación del magnífico ballet letón. 

Primer acto de Giselle (Foto: Alex Camara)

Lola Ramírez
En esta versión de Giselle, cabría destacar varias cosas; sin duda la primera de ellas, el virtuosismo de Yuliya Brauer, una Giselle etérea que al igual que las grandes bailarinas se desplaza por el escenario como si fuera una pluma. Amir Dodarkhojayev confecciona un príncipe Albrecht muy digno. Sabido es por los aficcionados al arte del ballet clásico que muchas veces la mayor virtud del partenaire masculino está en comportarse como un perfecto porteador. Eso Amir lo cumple a rajatabla.. También destaca por su interpretación en el trágico momento final del segundo acto,  su agonía mientras continua bailando a pesar de que al cuerpo ya le sobran pulsaciones es tan vívida como contagiosa, magistral. 

Llamativa y muy acorde con el marco natural, la escenografía de Inära Gauja, es tan cautivadora que  desdibuja la frontera entre el escenario de ficción y el incomparable entorno de los jardines del Generalife, de tal manera que uno no sabe si Hilarión, el enamorado guardabosque de la campesina alemana, interpretado por Aleksandrs Osadèijs, sale del backstage o del Palacio de la Alhambra. 

La compañía en otro momento del segundo acto (Foto: A.C)
 
No quiero dejar de comentar un curioso detalle, nuevo para mí, sobre la identidad de la Giselle creada por Théophile Gautier. Según explica el programa de mano, parece ser que parte de la personalidad de esta muchacha "está basada en Fantômes el poema de Victor Hugo, y en las leyendas recogidas por el alemán Heinrich Heine sobre las danzarinas nocturnas o willis. El primero relataba el trance de una muchacha española que bailaba sin parar, hasta morir". Así que por primera vez descubrí que la dulce y un poco enloquecida Giselle tiene alma española, ya me parecía a mí que tanta locura no podía ser exclusivamente germana. Dicho lo cual, confieso que esta Giselle me trasladó a mis primeros encuentros con este personaje. Por aquellos entonces el maestro de ceremonias era el inolvidable bailarín y coreógrafo Victor Ullate. La Giselle de Ullate se interpretaba en el desaparecido Teatro de Madrid, un lujo para los aficiondos a la danza,  ya que su estructura en escalones impedía que una inoportuna cabeza complicara tu visión de unos pies en punta, o en flex, me da igual. Ullate tenía cuatro elencos para dar vida a Giselle, las protagonistas eran María Giménez, Tamara Rojo, Ruth Miró y Ana Noya. Una maravilla con el toque poético de Victor Hugo y la infalible gestión de Victor Ullate. Todas tan virtuosas como diferentes. Gracias a mi oficio de gacetillera pude verlas a las cuatro. 

Variacion de las willis (Foto: A.C.)

Con la Giselle de Ullate me enamoré de por vida de esa maravillosa variación del segundo acto -interpretada con suma perfección por el cuerpo de baile del Ballet de Letonia. Me refiero a ese momento magistral en que el dibujo de la danza de las willis se confunde con la música que va in crescendo hacia ese punto de tensión que los aficionados esperan. Cada teatro tiene su público, ni mejor ni peor, solo diferente. El silencio que se respira en el Generalife no tiene nada que ver con el estallido de aplausos que suceden en otros; lo del Generalife no se puede interpretar como desinterés, eso sí, sorprende a los que el cuerpo nos exige un aplauso reiterativo; lo de aquí es otra forma de recepción menos visceral quizás pero igualmente atenta. Ningún pero que poner a esta noche de ballet cum lauden, sólo una sugerencia para los organizadores de los eventos del Festival de Música y Danza de Granada: Urge una mejora de la infraestructura de salida del parking para que las dos horas de disfrute cultural y artístico no queden ahogadas por diez minutos de pesadilla intentando abandonar el recinto.

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